Neutralidad Climática

03.11.2024


"Contra la sostenibilidad climática" del autor Andreu Escrivá 

Os recomendamos leer este libro. Aquí os dejamos un breve resumen de uno de los capítulos en los que el autor habla de la neutralidad climática, ese pequeño-gran objetivo cada vez más lejano de alcanzar.

Neutralidad climática

En este capítulo de "Contra la neutralidad climática" de la obra "Contra la sostenibilidad climática", Andreu Escrivá expone una crítica profunda al concepto de neutralidad climática, el autor argumenta que este concepto, aunque aparentemente positivo, no solo es insuficiente, sino que es un obstáculo para una verdadera transformación en la lucha contra el cambio climático.


El autor critica el concepto de neutralidad climática desde varias perspectivas. En primer lugar, sostiene que el enfoque de neutralidad permite a los países y empresas comprometerse a "compensar" sus emisiones mediante métodos como la plantación de árboles o la captura de carbono, en lugar de reducir de manera drástica las emisiones de gases de efecto invernadero. Según Escrivá, este enfoque es peligroso, ya que no enfrenta directamente las causas del cambio climático, sino que las mitiga de manera superficial. Para él, estas acciones no son suficientes y pueden llevar a un "lavado verde" o greenwashing, donde se da la apariencia de que se están tomando medidas significativas cuando en realidad no se está reduciendo el impacto ambiental de manera efectiva.


Escrivá también plantea que la neutralidad climática puede ser vista como una estrategia para preservar el modelo de crecimiento económico actual. La idea de "neutralizar" el daño medioambiental sin modificar sustancialmente los patrones de producción y consumo global es, según el autor, un intento de mantener el status quo y evitar cambios estructurales profundos en la economía. Esto se debe a que muchos de los países que promueven la neutralidad climática son los mismos que continúan apoyando sectores contaminantes como los combustibles fósiles, la agroindustria y la producción masiva.

Los argumentos de Escrivá son lógicos en tanto que presentan una crítica coherente y bien fundamentada al concepto de neutralidad climática. Su afirmación de que la neutralidad puede convertirse en una falsa solución está respaldada por las crecientes evidencias de que las políticas de compensación de carbono no están logrando los resultados esperados. De hecho, existen múltiples estudios que sugieren que las soluciones basadas en la naturaleza, como la plantación masiva de árboles, no son suficientes para contrarrestar la magnitud de las emisiones globales. Además, el uso de tecnologías de captura de carbono, aunque prometedor, todavía está en una etapa temprana de desarrollo y no ofrece garantías de que se pueda implementar a gran escala en el corto plazo.

Escrivá también señala que la neutralidad climática ha sido una excusa para posponer las verdaderas reformas que necesitan los sistemas energéticos, agrícolas y de transporte a nivel mundial. Aquí el autor acierta al apuntar que las políticas de neutralidad no abordan de manera fundamental las causas estructurales de la crisis climática, como la dependencia global de los combustibles fósiles y el modelo económico capitalista basado en el crecimiento ilimitado.

Sin embargo, aunque los argumentos de Escrivá son sólidos, es importante señalar que hay un debate más amplio sobre la viabilidad de alcanzar la neutralidad climática. Si bien es cierto que las soluciones de compensación y captura de carbono no son suficientes por sí solas, los compromisos de neutralidad climática pueden actuar como un primer paso hacia una transición hacia la sostenibilidad, siempre y cuando se acompañen de políticas reales de reducción de emisiones.


Uso de ejemplos relevantes y evidencia

Escrivá no solo se limita a la teoría, sino que utiliza ejemplos prácticos de países y empresas que han adoptado políticas de neutralidad climática. Señala cómo, por ejemplo, algunas grandes corporaciones han anunciado su compromiso con la neutralidad climática para 2040 como es el caso de la empresa cárnica brasileña JBS, que tras poner fechas límite para alcanzar la neutralidad en 2035 y 2024, resulta que ha aumentado en un 51% sus emisiones en el pasado cercano, otras empresas que anuncian medidas pero al mismo tiempo siguen invirtiendo en proyectos de extracción de combustibles fósiles y expansión de industrias contaminantes. De esta manera, el autor demuestra cómo la neutralidad climática puede ser utilizada como una estrategia publicitaria más que como una verdadera solución ambiental.

También se menciona el caso de la Unión Europea, que ha adoptado la neutralidad climática como objetivo oficial, pero enfrenta grandes desafíos para reducir las emisiones de sectores como el transporte y la agricultura. Esto refuerza la idea de que la neutralidad climática puede ser una meta difícil de alcanzar sin una transformación radical de los sistemas productivos y económicos.

Opinión personal y reflexión

En cuanto a mi opinión personal, coincido en muchos puntos con los argumentos de Escrivá. La neutralidad climática puede ser una forma de posponer decisiones difíciles y seguir el camino de soluciones superficiales en lugar de apostar por una transformación real de nuestras economías y sociedades. Es cierto que necesitamos políticas de reducción de emisiones más ambiciosas, pero estas deben ir acompañadas de un replanteamiento estructural de cómo producimos, consumimos y nos relacionamos con el medio ambiente.

No obstante, también creo que la neutralidad climática no debe ser completamente descartada. Si se ve como parte de un conjunto más amplio de políticas que incluyan la reducción significativa de emisiones, el fomento de energías renovables, la transición hacia una economía circular y la reconfiguración de la infraestructura global, puede ser una herramienta válida. Sin embargo, si se trata simplemente de un compromiso superficial, como sucede en muchos casos, entonces, como bien señala Escrivá, la neutralidad climática se convierte en una gran mentira que impide avances reales.

En resumen, comparto la crítica de Escrivá sobre el concepto de neutralidad climática, pero creo que, al igual que cualquier solución, debe ser analizada en su contexto y utilizada de manera efectiva como parte de una estrategia global más integral.

Estoy de acuerdo con el autor en que la neutralidad climática se utilizada como una forma de maquillar la inacción y desviar la atención de las medidas radicales que realmente serían necesarias para enfrentar la crisis ambiental.


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